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Reflexiones sobre la lengua oral en la enseñanza de idiomas.

Sofía Almela Martínez
Profesora de Francés – EOI ALICANTE – AULARIO DE SAN VICENTE

La lengua oral nace de la necesidad de expresión en el momento presente con nuestros semejantes. Se da in situ, en el “aquí y ahora”. Es de naturaleza espontánea y efímera. La suma de la comunicación oral verbal y la no verbal llega al interlocutor en forma de mensaje. Al mensaje puramente lingüístico se unen aspectos supralingüísticos (tono, gestos, ademanes…) que son como una lente que da color a nuestro mensaje. A veces, incluso puede dar el sentido opuesto al mensaje verbal, como es el caso de la ironía. Es probable que la sensación psicológica del alumno de una lengua extranjera sea de inseguridad precisamente por la inmediatez de su naturaleza y por la multiplicidad de elementos que intervienen: acento, ritmo, entonación, gestos…

La lengua escrita, por el contrario, carece de gestos, -de ahí el invento de los llamados “emoticones” que restan frialdad a nuestros mensajes y sms.- La expresión escrita es fruto de la reflexión y permite la modificación del mensaje antes de que este llegue al interlocutor. Es una comunicación en diferido. Es posible que el alumno de una lengua extranjera tenga la sensación de seguridad y control ya que dispone de tiempo y de medios (diccionarios, gramáticas, ejemplos de textos escritos que le inspiren, etc.) a su disposición para expresarse.

Si la lengua escrita es la quietud estable de la roca, la lengua oral es el magma, la roca en movimiento.

¿La lengua oral o la Cenicienta?

La escuela tradicional  se ha centrado en la lengua culta literaria. Su didáctica se basa en la traducción escrita de estos textos y en el aprendizaje memorístico, pasivo, inactivo, de las reglas gramaticales. La lengua escrita, bella, culta, resplandeciente malabarista del verbo, es  el centro alrededor del cual gira la enseñanza. El oral, nuestra pobre Cenicienta, aparece tan sólo cuando el profesor o algún alumno lee en voz alta los textos escritos.

Pero como en el cuento, nuestra Cenicienta encuentra un hada madrina… Esta llega en los años 50 a Estados Unidos y en los años 60 a Europa, de la mano de los métodos audio-orales estructuralistas –Y un poco antes en la enseñanza del inglés ya que entre los años 20 y 30 tuvo lugar la práctica del llamado método oral o situacional en el que el alumno escucha y luego repite sin más lo que dice el profesor que se ayuda de imágenes, gestos, objetos… para hacerse entender –  Con estos métodos se favorece la creación de automatismos con ejercicios orales. Aunque estos son repetitivos y descontextualizados constituyen el punto de partida para que la lengua oral sea tenida en cuenta en la didáctica de las lenguas.

Poco a poco,  nuestra pequeña Cenicienta ha ido siendo redescubierta y revalorizada. En la actualidad, en el marco de la competencia comunicativa, no es ni más ni menos importante que su hermana, la  lengua escrita. Por fin miramos el diamante en su conjunto y no solamente la cara que más brilla…


El enfoque comunicativo y los alumnos de hoy

La lengua, considerada en su conjunto, con todos sus matices y registros, sirve ante todo para comunicar. Comunicamos tanto a nivel oral como escrito. Comunicamos utilizando un amplio abanico de registros (vulgar, coloquial, estándar, culto…). Comunicamos adaptándonos a la situación en la que nos encontramos haciendo uso de nuestro conocimiento referencial y socio-cultural. Comunicamos utilizando estrategias que mantienen vivo el impulso a comunicar cuando nos bloqueamos por algún motivo (falta de vocabulario, estructuras, desconocimiento de referentes culturales…)

El rol activo del alumno es, quizás, una de las ideas más revolucionarias. El profesor ayuda, guía, orienta… El alumno no es un “saco vacío” que hay que llenar de conocimientos. El alumno es un comunicador competente cuyo punto de partida es la lengua materna y cuya meta es la lengua extranjera. Es un aventurero que camina desde lo conocido hacia lo que todavía no conoce. En ese camino descubre nuevas formas de decir y de pensar, nuevos puntos de vista, nuevas formas de aprehender el mundo… es su camino, es su descubrimiento. No está solo, tiene un guía pero el camino lo hace él y sólo él. El alumno sigue su propio impulso  a investigar, a indagar, a reflexionar sobre el cómo y el porqué de su andadura: ¿Qué me ayuda a caminar? ¿Qué me dificulta el camino? ¿Con qué ojos miro lo nuevo: me sorprende, me gusta, me asusta? El profesor sólo alienta o sostiene ese impulso. Es, por así decirlo, el aguador del caminante…

Desde mi experiencia como profesora, creo que la lengua oral presenta más reticencias a la hora de ser  trabajada en el contexto del aula. Las preferencias de los alumnos tienden más hacia lo concreto. Quizás sienten más seguridad ante la naturaleza material, tangible, de lo escrito y las reglas gramaticales claramente presentadas y ordenadas. Quizás el contexto de aula les trae recuerdos de su propia experiencia como escolares de antaño en que el profesor encarna la autoridad magistral, evaluadora y crítica. Quizás un carácter tímido e introvertido les lleva a la inhibición. Sea lo que sea, el caso es que es más “sencillo” trabajar lo escrito que lo oral en clase.

Sin embargo, también he observado que los alumnos son plenamente capaces. Veo alumnos con motivación que superan la timidez. Veo alumnos innovadores que se adaptan a nuevas formas de trabajo (el descubrimiento activo de la gramática, la integración de las cinco destrezas: comprensión oral y escrita, expresión oral y escrita e interacción, su nuevo papel relevante, protagonista, etc.)  Veo alumnos que, en definitiva, van perdiendo el miedo a la libertad que se les brinda en el aula para hacerse cargo de su propio aprendizaje. En clase, se familiarizan con actividades antes ausentes en las aulas (aunque habituales en las escuelas de idiomas): juegos de rol, actividades lúdicas, simulaciones, resolución de problemas, actividades creativas… Y poco a poco se van adentrando en la práctica oral y le van tomando gusto.

Cuando se dejan llevar por la práctica oral, ésta, generosa, les ayuda a poner “en movimiento” lo que está en proceso de ser aprendido y lo que ya se ha aprendido. En el magma oral, se produce la adquisición. De hecho el aprendizaje de la primera lengua materna empieza cronológicamente desde lo oral y después fluye hacia lo escrito… En inmersión lingüística la competencia oral se adquiere de forma natural. La pregunta es ¿qué hacer en contextos donde la inmersión lingüística no se da más que unas horas por semana, en clase de lengua extranjera?

Cuándo animé a mis alumnos de nivel básico a reflexionar sobre qué pueden hacer para mejorar su competencia oral algunas de sus respuestas fueron estas:

Puedo usar libros adaptados a mi nivel que tengan CD o documento audio para poder leer en voz alta teniendo el CD como ejemplo.

Puedo ver películas en versión original subtitulada.

Si no tengo a nadie con quien hablar en lengua extranjera puedo mirarme en el espejo y “practicar” en voz alta.

Puedo entrar en Internet y utilizar recursos audio-visuales que circulan por la red, incluso puedo contactar con algún nativo y entablar relación.

Puedo grabar mi voz y escucharme después para evaluar mi acento, la forma de expresarme.

Puedo observar cómo hablan mi lengua materna los extranjeros y fijarme en sus errores, en su forma de hablar, su acento… ¿por qué lo hacen así? ¿Qué tiene su lengua materna para que hablen mi lengua materna de esa forma y no de otra?

Puedo aprender canciones y cantarlas en la ducha.

Puedo…

Efectivamente, los alumnos pueden. Fueron surgiendo muchas formas de llevar a la práctica el oral fuera del aula porque, repito de nuevo, nuestros alumnos pueden, saben. Son competentes seres reflexivos capaces de encontrar respuestas a sus propias necesidades.

Animo a los lectores a reflexionar sobre todas estas cuestiones y a seguir indagando ya que el aprendizaje de una lengua no es más que un camino… cada paso cuenta, cada paso nos descubre nuevas perspectivas. Y haciendo camino enriquecemos nuestro interior y nuestros horizontes, nos acercamos a lo diferente. En el camino comprendemos que lo ajeno, lo distinto, lo extranjero forma parte de nosotros mismos.

…Y así vamos forjando nuestro “alter ego”.

Bibliografía:

  • BERARD, E, L’approche communicative : Théories et pratiques, Clé international, Paris, 1991
  • CONSEIL DE L’EUROPE, Un cadre européen de référence pour les langues : apprendre, enseigner, évaluer, Division des politiques linguistiques de Strasbourg, Didier, Paris, 2000
  • CORNAIRE, C et al. La compréhension Orale Col. Didactique des langues étrangères. Clé International, Beaume-les-Dames, 1998
  • JULIEN, P. Activités ludiques Col. Techniques de Classe. Ed. Clé International, Paris, 1995
  • MOIRAND, S, Enseigner et communiquer en LE, 1982, Hachette, Paris.
  • TAGLIANTE, C. La classe de langue. Col. Techniques de Classe. Ed. Clé International, Paris, 1994

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EDITA: Escuela Oficial de Idiomas de Alicante
COORDINACIÓN: Juan Tomás García Asensi
ISSN: 1886-1792